Monday, June 9, 2014


LA  MUJER EN EL ANTIGUO EGIPTO


POR GUILIANA ZORRILLA

 




                                                                         2014

 

INDICE

 

I  .- INTRODUCCION   

II .- LA MUJER EN EL ANTIGUO EGIPCIO

A.- LA MUJER EN LA ECONOMIA EGIPCIA Y SUS DERECHOS

B.- VIDA EN FAMILIA

C.- OCUPACION DE LAS MUJERES

D.- EDUCACION

E.-  MUJER Y RELIGION

III.- CONCLUSION

 

 

I.-INTRODUCCION

Desde que a mediados del siglo XIX las mujeres consiguieron su participación en el sistema educativo superior en igualdad de condiciones que el hombre en Europa y los Estado Unidos de Norteamérica; las sucesivas conquistas sociales por su inclusión y participación en la sociedad en todos los campos de la actividad económica, social y política fue lenta y penosa sino recordemos cuando en 1848 en New York varias mujeres organizaron la primera convención de los derechos de la mujer, fueron perseguidas y encarceladas; luego también participaron en las jornadas de lucha por la disminución de las horas laborales y en 1908 las trabajadoras textileras de la fábrica Cotton tomaron las instalaciones reclamando la disminución de la jornada de trabajo a diez horas diarias, un salario y descanso justo; el dueño mando a incendiar la fábrica muriendo  130 mujeres. En 1928 en Inglaterra tras dos décadas de luchas en grandes manifestaciones consiguieron el derecho al voto, que luego se extendió a los demás países occidentales, a partir de entonces el rol de la mujer dentro de la sociedad ha sido más importante hasta el presente siglo, esto desde luego en el mundo occidental ya que todavía en otras partes del mundo, principalmente en los países musulmanes todavía la mujer se encuentra en situación de mucha dependencia en relación con el hombre. 

Pero haciendo un repaso histórico uno observa que la situación de dependencia de la mujer tuvo sus orígenes a las antiguas civilizaciones grecorromanas de quienes el actual mundo occidental heredo  su cultura; sin embargo en el mundo antiguo la situación de la mujer no siempre fue de total sumisión ante el hombre. Cuando uno revisa la historia de la antigua civilización Egipcia observa que hace más de cuatro mil años  la mujer ya tenía una situación igualitaria ante el hombre en muchos campos de la actividad social en esta antigua cultura. El presente trabajo monográfico intenta profundizar este aspecto, ya que es muy interesante investigar cómo hace miles de años las mujeres en la civilización egipcia  tenían casi el mismo derecho y la libertad que los hombres a diferencia del resto de las sociedades que los rodearon. Aunque la diferenciación de género estaba presente, las mujeres fueron tratadas mucho mejor que en otras sociedades como Mesopotamia, Grecia, Esparta, Babilonia, etc. La situación de igualdad de género dependía de la clase social y no en el sexo, hasta el punto de que en el antiguo Egipto había una mujer que se convirtió en faraón llamado Hatshepsut (1508-1458 AC).

Las mujeres en el antiguo Egipto disfrutaban de los privilegios que las mujeres en otras sociedades no lo hicieron, como los derechos legales y económicos, la posesión de los bienes, de determinados puestos de trabajo y la participación en los rituales religiosos; también está claro que consideraban la presencia femenina  en la religión, ya que algunos de sus cultos principales eran por su diosas tales como  Nut, Neith, Nekhbet, Hatho , Mut y Isis.

Lo que me gustaría saber a través de este trabajo de investigación es por qué las mujeres de la antigua cultura egipcia fueron tratadas de manera  diferente del resto de las antiguas culturas, creo que consideraban importante el género femenino, debido a que ella representaba la fecundidad, parece que esta creencia tiene un origen teológico.

 

II.- LA MUJER EN TIEMPO DE LOS ANTIGUOS EGIPCIOS

A) LA MUJER EN LA ECONOMIA EGIPCIA Y SUS DERECHOS 

Por lo que se sabe a través de transcripciones jeroglíficas, ya sea en papiros o en murales, existía igualdad jurídica entre hombres y mujeres en el antiguo Egipto, sin embargo según los estudios llevados a cabo por reconocidos historiadores egiptólogos como Christian Jacq, Christiane Desroches Noblecourt, Gay Robins,  entre otros, en la práctica esta situación variaba en las etapas dinásticas por la que atravesó la civilización Egipcia a través del tiempo donde las mujeres se veían disminuidas de esta condición igualitaria  por influencia de la conquista de otras culturas como en la XV dinastía con el dominio de los Hicsos  en el alto egipcio o en la dinastía Ptolemaica por la civilización helénica quienes impusieron sus costumbres, sin embargo esto no quebranto, en términos generales, el concepto socio teológico que tenían los habitantes egipcios respecto al lugar de sus mujeres dentro de la sociedad; como sea en el tiempo en que les tocó vivir, la egipcias tuvieron el status preferencial respecto a sus similares en género en las otras civilizaciones  del antiguo medio oriente asiático. Sin embargo la ley de equidad entre el hombre y la mujer no se aplicaba por igual en todos los estamentos sociales.1

Según se sabe  las mujeres podían manejar su propia herencia o estar al frente de un negocio. Ninguna ley obligaba a una mujer a convivir con un hombre, pues la mujer soltera poseía autonomía jurídica  y bienes propios que administraba ella misma. Las mujeres podían contraer matrimonio a partir de los quince años para lo cual necesitaban el permiso del padre, luego se redactaba un contrato en términos de igualdad, para sancionarlo no hacía falta ninguna ceremonia.   Al casarse, la mujer mantenía su nombre, solamente hacia saber su situación civil añadiendo el término de “esposa de”, ya que el matrimonio no constaba como un acto administrativo,  ni  tampoco  era  una  demostración  religiosa.  Simplemente,  ratificaba  el  hecho  de  que un  hombre  y una mujer deseaban convivir, eso en el

caso  en que se hiciera un  contrato  matrimonial,  que no era necesario más que a

efectos económicos para diferenciar el Patrimonio de cada cual. El marido debía garantizar el bienestar de su esposa, incluyendo, por supuesto, el plano material.  Una diferencia notable entre la sociedad egipcia y las otras sociedades del antiguo medio oriente es que el estado de virginidad de la recién casada no era relevante, “el Egipto faraónico no hizo de este asunto una cuestión de honor ni un motivo de preocupación. A las jóvenes egipcias no se les prohibía tener relaciones sexuales antes del matrimonio. Como una de las bases de este era la fidelidad, se recomendaba vivir amoríos y relaciones pasajeras antes de un compromiso que se pretendía definitivo y para toda la vida. En documentos tardíos, sin embargo, se menciona un regalo de la virgen, es decir, bienes materiales que el marido ofrecía a su mujer a cambio del don de su virginidad. Más sorprendente todavía, y de un liberalismo que nuestra época todavía no ha igualado, son los contratos de matrimonio temporales, es decir, de prueba por un periodo de tiempo determinado. En algunas circunstancias se juzgaba preferible probar los sentimientos.”2

Existía el divorcio cuando una de las partes era repudiada por la otra en cualquier caso, el marido debía mantener a la ex esposa; pero existían algunos casos, sea por costumbres étnicas o morales, en el que algunas mujeres eran entregadas en matrimonio por conveniencia económicas de la familia lo cual hacia que ellas se vieran atrapadas a este compromiso contra su voluntad lo que podría inducirlas al adulterio, y es aquí donde podemos encontrar una marcada diferencia entre los sexos en el Antiguo Egipto ya que el hombre si podía tener concubinas en su hogar eso era legal y no era penado por cometer adulterio; pero para la mujer el adulterio era un delito muy grave, y podía ser castigada con la amputación de la nariz o con la muerte inclusive. El divorcio de mutuo acuerdo era la regla general, donde la mujer regresaba a la casa paterna con las pertenencias a que por derecho le correspondía y que era generada en su pasada vida matrimonial. Podían  existir  muchos  causales  para  el  divorcio,  pero  aquella motivada  por la
infertilidad de la mujer era mal visto por la sociedad a tal punto de ser despreciada;  y  es  que  para  todas  las  civilizaciones  antiguas  la  fertilidad  no solamente era un mandato religioso sino también significaba una manera de preservar la etnia y para los egipcios era una de sus principales premisas.
Pero no necesariamente la esterilidad de la esposa en el matrimonio podía llegar a ser motivo de divorcio; si había amor de por medio, ellos podrían llegar a un acuerdo en el que el esposo podría engendrar hijos a través de una concubina y la esposa adoptarlos como propio y de esta manera asegurar la continuidad de la familia y el buen nombre de la mujer.
Sin embargo en estos casos los hijos de la concubina no tenían las mismas prerrogativas que los hijos de legítimos, Christiene Desroches nos ilustra  al respecto con un relato muy particular recogido de la traducción de uno de los papiros encontrados en la tumba de Khnumhotep II, un noble monarca de Beni Hassan (ubicado en el Egipto medio), entre la época de Amenemhat II y su sucesor Sesostris II (1912 y 1893 antes de nuestra era) y que dice lo siguiente: “….Khety fue la importante esposa de Khnumhotep II, monarca de Beni Hassan y le había dado siete hijos a su marido; pero  no demasiado lejos vivía la tesorera de Khnumhotep, que parece que tuvo demasiado éxito en la gestión de las propiedades que se le habían confiado como  en conseguir el corazón de su señor. Se llamaba Tchat, nacida en Neteru, y se convirtió en su concubina. Como era natural Khety, la señora de la casa, aparece representada en los muros de la tumba familiar  rodeada de sus siete hijos, pero tuvo que aceptar que también  aparecieran en ella los tres hijos de Tchat, acompañados por su progenitora. Dado que esta era concubina y que todavía vivía la esposa de Khnumhotep, Tchat aparecía nombrada con su título de Tesorera. En todas las paredes de la capilla rupestre en las que aparecía Khety, dándose importancia al lado de su marido, detrás se veía a Tchat sentada y más pequeña, es cierto, pero ahí estaba y nadie podía decir nada en su contra. Su hijo mayor Mheri murió poco después y fue enterrado en una tumba modesta sin mención del nombre de su padre, puesto que este no se había casado con aquella que lo trajo al mundo. Hubo de esperar a la desaparición de Khety para que Tchat se convirtiera en la segunda esposa de Khnumhotep II. A partir de entonces pudo aparecer junto al monarca como su señora de la casa y sus demás hijos recibieron tumbas dignos de su rango.”3
Otro aspecto importante es que la sociedad egipcia siempre cuidaba por la protección al desamparo de la mujer para lo cual establecía sanciones en caso de divorcio en la que obligaban al marido a dar una pensión alimenticia compensatoria.  En cuanto a la custodia de los hijos,  se supone que quedaban a cuidado de la madre, siempre y cuando ella tuviera  con qué alimentarlos en caso contrario pasaban a la custodia del padre.
En caso de que la mujer enviudara, se convertía en heredera de una tercera parte de los bienes familiares (el resto se repartía entre los hijos), teniendo la libertad de administrarlos como lo deseara, aún en el caso de que volviera a casarse. Sin embargo la situación de la mujer viuda era muy relativo en cuanto al amparo y derechos que esta pudiera tener dentro de la sociedad y en todo caso estaba sujeta al status social y económico de su familia, parece que la situación de la viuda en las clases bajas era desfavorable sobre todo a partir del Imperio Medio en adelante;  esta situación lo hace ver Gay Robins cuando afirma que “….algunas viudas eran muy vulnerables y se situaban entre los pobres y desasistidos de la sociedad. No se trataban de mujeres ricas por si mismas o que tenían un fuerte sostén familiar sino de aquellas que durante la vida de sus maridos  dependían de ellos y que a su muerte dejaban a sus esposas con pocos o nulos medios de sustento. Ellas serian incapaces de enfrentarse con matones codiciosos que intentasen aprovecharse de ellas.”4 
 
B) VIDA EN FAMILIA
Las mujeres llevaban las riendas del hogar y en muchas ocasiones ellas tomaban decisiones importantes sobre asuntos de la economía del hogar, el cuidado y la educación de los hijos etc.; a las mujeres de la elite se las confería el título de “nebet per” que quiere decir Señora de la Casa, según parece este título la empezaron a llevar a partir del Imperio Medio. Los egipcios estaban totalmente convencidos que las mujeres tenían un destino divino para llevar a cabo la conducción de la casa familiar. El sabio Any del Imperio Nuevo; en un pasaje del manuscrito del  Papiro 4 Bulak conservado en el Museo del Cairo; y el que se denominó “Instrucción de Any” recomendaba que el esposo no tenía por qué cuestionar la labor de su esposa y decía: “No controles a tu esposa en su casa, cuando sabes que es eficaz; no le digas ‘¿Dónde está esto? Cógelo’ Cuando ella lo ha puesto en el lugar correcto. Que su ojo observe en silencio, entonces reconocerás su habilidad”5; y concluye “Hay mujeres cuya naturaleza consiste en hacer todo lo posible para honrar al gran Dios… Una mujer que gobierna bien su casa es una riqueza insustituible”.6 
Las mujeres de la elite  a menudo contrataban sirvientes y supervisaban el trabajo que hacían, con frecuencia disfrutaban de sirvientes que las bañaban y las vestían con el mejor lino. Tenían el tiempo libre para comer lo que querían, disfrutar de juegos de mesa, jugar con los niños y beber vino cuando se entretenían. En cambia las mujeres de las clases bajas además de hacer sus quehaceres domesticas a veces acompañaban a sus esposas en las faenas agrícolas.
 “Una mujer excelente, de noble carácter, es como el alimento en un periodo de hambre” esto escribía el moralista Anjsesonger quien al parecer quería resaltar el papel del ama de casa como la de encargada de  comprar y preparar los alimentos del hogar; las mujeres de la elite encargaba las compras de los suministros   alimenticios a sus sirvientes a las almacenaba en una estancia especialmente construida esta función;  en  cambio  las  amas  de casa de condición más modesta
acudían a los mercados populares donde conseguían los productos destinados a la alimentación familiar que vendían los comerciantes ambulantes y caravaneros. El alimento base que preparaban era el pan cerveza; que se preparaba con harina de cebada mojada en un tamiz, la cebada era previamente fermentada en agua y rociada con licor de dátiles. El tamizar, moler, amasar y mojar la masa del pan era una labor tradicional de la mujer; era a los hombres a quienes les correspondía el horneado del pan.
El cuidado a los hijos dentro de la familia egipcia estaba totalmente a cargo de la madre quienes se esmeraban por cumplir esa función a cabalidad, las mujeres de la elite contrataban personas para que les ayuden en esta función , los egipcios sabían que la leche materna era muy importante para el desarrollo del bebe por esta razón que el destete recién se hacía cuando la criatura cumplía los tres años, muchas mujeres de la elite no querían amamantar por mucho tiempo a sus bebes por esta razón contrataban a una nodriza quien no solamente amamantaba al bebe sino que también resolvía un sinfín de problemas relacionados con su cuidado, Christian Jacq nos menciona la existencias de nodrizas que trabajaron en el palacio real del faraón y que pasaron a la posteridad ya que aparecen pintadas  en sus paredes o incluso en las tumbas reales, veamos: “El sabio Paheri hizo figurar a sus tres nodrizas en las paredes de su morada para la eternidad. Satre nodriza de la reina Faraón Hatsepsut, tuvo el privilegio de ver su estatua erigida en el interior  del recinto del templo de Dayral-Bahari. Maryt, esposa de un jefe de tesoreros (Tumba tebana núm. 63) fue nodriza de la hija del faraón y el mismo rey alabo sus servicios. Amenhotep II un rey al que se calificaba de ‘deportivo’ por sus hazañas en el tiro con arco y el remo, profesaba un vivo afecto por su nodriza, la madre del alto dignatario Kenamon. En la tumba tebana (núm. 93) de este último, el rey se hizo representar sentado en el regazo de su nodriza, instalado sobre una especie de trono…”7
La situación de las mujeres de las clases bajas no era tan fácil había tanta mortalidad  en  el  parto  como  también  mortalidad  infantil,    que  las madres daban  de  beber  a  sus  niños  una   bebida  a  base  de  cebada  fermentada  muy 
parecida a la cerveza pero con menos cantidad de alcohol, los antiguos médicos egipcios tenían el convencimiento que esa bebida  era suficiente para matar las bacterias y que era segura para beber.
 
C) OCUPACION DE LAS MUJERES
A juzgar por las documentaciones encontradas en los diversos papiros de las diferentes épocas en el periodo en el que predomino la civilización Egipcia, se sabe que las mujeres no solo se dedicaron en las labores domésticas del hogar sino que también desempeñaron otros oficios, algunos de ellos tradicionalmente desempeñados por los hombres; en estas fuentes abundan información de los oficios desempeñados por las mujeres principalmente de la elite, hay una inscripción correspondiente al Imperio antiguo (Estela de Abydos conservado en el Museo de El Cairo) en la VI dinastía donde se hace saber que había una dama  que fue juez y visir (que es el título que se le confirió al hombre de confianza del faraón, algo así como un primer ministro de nuestros tiempos), Christian Jacq nos ilustra detales de la referida dama: “El documento conserva la memoria de los títulos de una dama llamada Nebet, ‘la soberana, la señora’, que fue princesa heredera (repaf), directora jefe (haty-hatet), hija de Geb, hija de Thot, compañera femenina del rey del Alto y Bajo Egipcio, hija de Horus y… juez y visir”8;esta dama era, a saber, la suegra del faraón Pepi I quien le otorgo su confianza. Algunos otros oficios desempeñados por las mujeres fue la de Jefe de Finca (una labor habitualmente asignada a los hombres),  Supervisora de Tejidos, Inspectora del tesoro, Supervisora de la Casa de confección de Tejidos, Supervisora de cantores y bailarines, de la cámara de pelucas, nodrizas etc. La actividad de las mujeres egipcias en los negocios, por lo que sabemos de los documentos antiguos que nos ha legado esta civilización, estaba vinculado exclusivamente a las mujeres pertenecientes a la elite, la clase alta y media; mas no así en la participación de las egipcias en los templos sea como sacerdotisas o iniciadas ya que también participabas de los rituales las mujeres de la clase baja y de acuerdo a sus capacidades y cualidades personales podían llegar a ser sacerdotisas (esta aspecto en detalle los veremos en el capítulo relacionado con La mujer y la Religión).
El antiguo Egipto fue una sociedad muy jerarquizada y los títulos  que podían ostentar una persona tenían mucha importancia individual, habían títulos de
nobleza destinados exclusivamente para la elite y que daban prestigio pero no autoridad; pero también existía otra categoría de títulos que se les daba a las personas que tenían mejor desempeño en algún trabajo u oficio y eran muy anhelados por los sectores medios y bajos de la antigua sociedad  egipcia, lo cual nos hace ver que existía una sociedad meritocratica que es un sistema muy eficaz para lograr que las personas se esfuerzan en ser los mejores en las labores que hacen y las mujeres egipcias no estaban exentas en esta competencia de reconocimientos. Encontramos una referencia en la obra de Christian Jacq en la que dice: “Tejedoras e hilanderas ejercían una profesión tan importante, a juicio de las autoridades, que sus obras maestras se veían recompensadas de manera extraordinaria. Un bajo relieve de la Baja época (Relieve neomenfita de Nefersejem-Psametico, Museo de El Cairo) representa a cinco mujeres miembros de una comunidad artesanal. Se hallan en presencia de un gran personaje, ‘el escriba de los libros divinos’, al que  asisten un escriba, en cuclillas, y un intendente. Este último llama a una de las mujeres y le entrega un collar y algunas joyas en recompensa por el trabajo bien hecho. Repetido tres veces, un texto precisa que las tejedoras reciben en pago ‘el don del oro’. Estas riquezas procedían de una cámara del Tesoro que el escriba de los libros divinos había aceptado abrir; la cantidad extraída la anotaba luego escrupulosamente el llamado escriba del oro.”9
 
D) EDUCACION
Hasta la fecha hay controversia entre los investigadores egiptólogos si es que las mujeres en todas las clases sociales han tenido el acceso a la educación tal como lo tenían los hombres, sin embargo la mayoría coincide que un pequeño porcentaje de las mujeres de la elite hayan tenido acceso a ello. En el capítulo de los derechos de la mujer recogimos una referencia de Christiane Desroches que cuenta de la concubina de un monarca de Beni Hassan en el Imperio Nuevo, llamada Tchat, que era la tesorera de los bienes de  este señor, lo cual quiere decir que la dama en cuestión debería haber tenido un grado superior de instrucción. Otros historiadores dudan que la mayoría de las mujeres hayan tenido algún tipo de acceso a la educación, por la razón de no existir un manuscrito literario con un nombre femenino, y en el caso de las mujeres de la elite, pudiera ser que hicieran uso  de algún escriba bajo su mando para enviar por escrito algún mensaje o efectuar algún calculo contable; opinión contraria tiene Christian Jacq quien manifiesta que tanto las niñas como los niños tenían acceso a la enseñanza de la escritura y la lectura en las escuelas del pueblo que por lo general funcionaban en los templos. “El núcleo de toda educación avanzada o no, era el respeto y conocimiento de Mata, la regla eterna. Para aplicarla en la vida cotidiana, la niña debería amar la verdad y detestar la mentira, evitar los excesos y las pasiones destructivas, no considerarse el centro del mundo y hablar en el momento oportuno, respetar la palabra dada, no reaccionar al mínimo impulso procedente del exterior, reconocer la presencia de lo sagrado y del misterio en todas las cosas y tratar de actuar con rectitud.”10
 
E) MUJER Y RELIGION
No ha existido ninguna otra civilización en la antigüedad que la Egipcia en el que la mujer tuviera una importante participación en el culto de sus divinidades; empezando con la esposa del faraón quien era considerada soberana de todos los cultos y al perecer sacerdotisa principal en todo el imperio, ella oficiaba los ritos oficiales en el templo de la capital y delegaba estas funciones a grandes sacerdotisas, previamente preparadas en las enseñanzas impartidas en los templos a la cual tenían acceso y llegaban a ser incluso iniciadas en los grandes misterios del conocimiento de la intricada teología egipcia; estas sacerdotisas oficiaban en las principales ciudades del imperio. Desde luego que esta función no era exclusiva de las mujeres también hubieron grandes sacerdotes lo cual indica que las funciones sacerdotales eran compartidos entre hombres y mujeres. El sacerdocio desde el Antiguo Imperio era hereditario, Christian Jacq nos comenta que “Nekanj, noble del imperio antiguo y gran sacerdote de Hator11, tuvo que repartir su cargo sacerdotal entre sus hijos. Uno de ellos era una muchacha, pero Nekanj no hizo distinciones entre sus hijos, a su hija se le asignó una función tan importante como la de sus hermanos y según la regla de rotación del servicio que debía cumplirse en el templo, la ejerció durante el periodo establecido,”12.No existía condiciones para quien quisiera servir al sacerdocio tanto hombres como mujeres, pues no se tenía en cuenta su status social ni condición económica, había entre las sacerdotisas mujeres de la elite así como las que provenían de las clases bajas, todas ellas eran tratadas en condiciones igualitarias. Cada uno de los nomos (provincias) mantuvo sus deidades protectoras, lo que significaba la veneración a decenas de dioses, que adquirían mayor o menor relevancia según la importancia que tuviese cada ciudad: en Heliópolis se adoraba a Ra, en Tebas a Amón, en Menfis a Ptah y Hator, etc. Se sabe también que  desde la época del Antiguo Imperio los sacerdotes de Hator  eran generalmente mujeres todas ellas
provenientes de la elite continuando este privilegio a lo largo del Imperio Medio; “El título de sacerdotisa de Hator sigue siendo común para las mujeres a lo largo del Imperio Medio. Ya hemos visto que señalaba a quien lo llevaba como perteneciente a las clases privilegiadas de la sociedad, los maridos de estas mujeres se encontraban entre los más altos funcionarios del territorio. El equivalente masculino de este título es raro, aunque en el Imperio Medio había otros sacerdotes varones de Hator. Entre ellos había supervisores de sacerdotes, una posición que parece que nunca ocupo una mujer.”13
Además de los sacerdotes en los ritos ceremoniales, había otras personas que acompañaban en el ritual y que desempeñaban funciones como músicos, bailarines y sahúmenos la mayoría de ellos eran mujeres.
 
 
III.- CONCLUSION
 
La condición de igualdad entre el hombre y la mujer en el antiguo Egipto tenía su origen en sus creencias religiosas, desde la época predinástica los antiguos sacerdotes concibieron la idea de que había una morada de los dioses y que en el principio el  dios primordial Athon procrea a la primera pareja divina; Chu el principio masculino y Tefnet el principio femenino; estos a su vez procrean a Geb, la tierra como masculino y Neith (conocida también como Nut) el cielo como femenino y es esta divinidad quien pario a todos los dioses; el historiador egiptólogo francés Christian Jacq tiene una descripción muy  interesante al respecto nos dice que Neith era “viento e inundación al mismo tiempo, es la inmensa extensión del agua que hizo lo que existe, creo las divinidades y los seres, es la gran madre que hizo fecundas las simientes, todo lo que nace procede ella. Es el gran antepasado del origen, llego al mundo por sus propios medios; ella es la primera madre, dios y diosa a la vez. Ser andrógino, hombre en dos tercios de su persona y hembra en el tercio  restante, varón capaz de desempeñar el papel de una hembra y al contrario, Neith creo el mundo con tan solo siete palabras. Se dio a luz a sí misma, recibe los calificativos de padre de los padres y de madre de las madres”14 parecer ser que en la concepción teológica de los antiguos egipcios el principio femenino era muy importantes ya que representaba la fecundidad y estaba relacionada por esta deidad y la graficaban en sus pinturas  como una mujer con el cuerpo arqueado cubriendo toda la Tierra.  La Tierra, morada de los hombres, también era la Casa de Geb, el dios creador, representado como  un hombre tumbado bajo Neith. El más Allá, o Duat, el reino de los muertos,  donde  gobernó Horus,  y  posteriormente Osiris,  espacio  recorrido en su barca solar por Ra durante la noche, y por donde transitaban los espíritus de los difuntos sorteando los peligros. El dios supremo creo tanto al hombre como a la mujer para que siguieran el camino recto que el señalaba en sus leyes divinas para ser
merecedores de la eternidad “Los  libros de sabiduría y moral dictaban la conducta a seguir, tanto en la familia como en el ejercicio de la profesión de cada  uno.”15
La importancia que tiene esta concepción teocrática en la antigua sociedad egipcia hace que la mujer también ocupe un status social en iguales condiciones que el hombre. En la mitología egipcia existen muchas divinidades femeninas además de Neith, siendo la más importante la diosa Isis  que se asocia con varios principios: como madre, se convierte en la protección femenina pero, especialmente, como símbolo de la matriz, la que da la vida. Por medio de esta diosa, los principios de la vida y la muerte se unen estrechamente. De hecho, aunque ella esté asociada con los ritos funerarios, es necesario recordar que la meta de estos ritos era evitar al difunto el experimentar una segunda muerte en la otra vida, lo que además explica el alimento descubierto en las tumbas por los arqueólogos. Por otra parte, la vida en su aspecto físico no tiene sentido más que por la muerte, porque ambos principios forman parte de un proceso de renacimiento eterno que es, en un sentido espiritual, el ciclo de la vida. Uno de los símbolos de la diosa es la palmera, el símbolo de la vida eterna: Isis insufla a su esposo muerto el soplo de vida eterna. Esta idea de la vida eterna y de la madurez que refleja Isis, reverenciada como Madre celestial la hará, con el paso del tiempo, la diosa más importante de la mitología egipcia, llevando su influencia a las religiones de diferentes civilizaciones donde su culto se consolidará, especialmente en todo el imperio romano. Es interesante la hipótesis sostenida por Christian Jacq respecto a la influencia de esta divinidad en la naciente religión cristiana católica hacia el siglo III E.C. era tan grande la adoración de la diosa Isis entre los súbditos del emperador romano que los primeros padres de la iglesia católica no tuvieron mejor idea que ir reemplazando la figura de Isis por la de la Virgen María, para ir ganando más correligionarios, consiguiéndose este objetivo cuando  en el siglo  IV la  iglesia  católica  fue  declarada  como religión oficial en el
imperio o como se pregunta Jacq “¿No se oculta  Isis bajo los hábitos de  la  Virgen  María? ¿No tomo está  el nombre de “Nuestra Señora”  a  la  que se han consagrado tantas iglesias y Catedrales?16
La otra diosa importante era  Hathor, considerada como hija de Ra, su nombre era interpretado como la morada de Horus, porque el sol (Horus) se encerraba en su seno cada tarde para renacer al día siguiente. También se decía de ella que era la gran vaca celeste que había creado al mundo y todo cuanto contiene incluso al sol. Se decía también que era la protectora de las mujeres porque ella encarnaba todas aquellas cualidades  artísticas y espirituales muy caracterizadas a las mujeres de la época faraónica como la danza, el canto, la música y todo cuanto afectaban a su gracia y adornos corporales; también era conocida como diosa del amor algo parecido a la diosa griega Afrodita. Se creía también en las siete Hathores, consideradas sus hijas o una manifestación de ella misma, cuyo papel era parecida al de las hadas de cuento ya que cuando nació un niño, la siete Hathores iba a su lado y le anunciaban su destino. El principal templo dedicado a esta divinidad estaba en Dendera donde era venerada como diosa del amor, la maternidad, la belleza juvenil, la alegría y el erotismo.
La forma como los antiguos egipcios conceptualizaban a sus  míticas deidades femeninas era un referente que dictaba patrones de comportamiento en las mujeres egipcias, todo lo que proyectaban sus diosas eran valores muy positivos que servían de modelos a las egipcias y que les permitía un status en igualdad de condiciones que el hombre; cosa muy contraria existía en todas las culturas y civilizaciones del antiguo medio oriente en inclusive de las civilizaciones grecorromanas, esto lo explica con mucha contundencia Christian  Jacq cuando dice: “Mientras que en el mundo judeocristiano la figura de Eva es cuando menos sospechosa, hecho que explica el innegable y dramático déficit espiritual de las mujeres modernas, regidas por este  tipo de creencia, en el universo egipcio las cosas   tenían  otro  cariz,    la   mujer  no  era   fuente   de   ningún  mal  ni  de  una
desnaturalización del conocimiento, sino todo lo contrario, era ella a través de la grandiosa figura de Isis, quien había superado los peores obstáculos y descubierto el secreto de la resureccion.”17
Por lo expuesto líneas arriba podemos afirmar inequívocamente que a la mujer egipcia de la época faraónica le toco vivir en una sociedad donde se le facilitaban todos los medios para desarrollarse exitosamente en todas sus capacidades, tanto aún más superior que sus similares en genero  de nuestra actual sociedad con todo su desarrollo tecnológico e industrial en pleno siglo XXI E.C.
 
 
 
 
 
NOTAS
(1)Según Gay Robins “Las mujeres de clase alta tenían los mismos derechos legales que los hombres y que se podían comprometer en transacciones económicas en su propio beneficio del mismo modo que los hombres. Pero cuando planteamos esto en el caso de las mujeres de posición subordinada en otras áreas de la sociedad tenemos que preguntarnos qué clase  de igualdad se practicaba. Sin duda las mujeres tenían derechos legales ¿Pero podían ejercerlos libremente siempre que lo deseaban?” Pg. 150 “Las mujeres en el antiguo Egipto” por Gay Robins, publicado por British Museum; Ediciones Akal S.A., 1996
(2)Pg. 110  LAS EGIPCIAS (Un retrato de las mujeres del Egipto faraónico) por Christian Jacq; Tercera Edicion,  Editorial Planeta, 1997
(3) pág. 275 “La mujer en tiempo de los faraones” •Desroches Noblecourt, Christiane (1999). Editorial Complutense.
(4) Pg.149 WOMEN IN ANCIENT EGYPT  por Gay Ronins,  publicado  por British Museum; Ediciones Akal S.A., 1996
(5)Pag. 99 “Las mujeres en el antiguo Egipto” por Gay Robins, publicado por British Museum; Ediciones Akal S.A., 1996
(6)Pag.151 LAS EGIPCIAS (Un retrato de las mujeres del Egipto faraónico) por Christian Jacq; Tercera Edicion,  Editorial Planeta, 1997
(7) Pg. 141 LAS EGIPCIAS (Un retrato de las mujeres en el Egipto faraónico) por Christian Jacq, Edición Planeta
(8) Pag.171 LAS EGIPCIAS (Un retrato de las mujeres en el Egipto faraónico) por Christian Jacq, Edición Planeta
(9)Pag. 192 LAS EGIPCIAS (Un retrato de las mujeres en el Egipto faraónico) por Christian Jacq, Edicion Planeta
(10) Pg. 154 LAS EGIPCIAS (Un retrato de las mujeres en el Egipto faraónico) por Christian Jacq, Edición Planeta, 1997
(11) Hathor fue una divinidad cósmica, diosa nutricia, diosa del amor, de la alegría, la danza y las artes musicales en la mitología egipcia. Su nombre significa "El templo de Horus" o "La morada de Horus", para identificarla como madre del mismo y, a veces, su esposa
(12) Pg.196 LAS EGIPCIAS (Un retrato de las mujeres en el Egipto faraónico) por Christian Jacq, Edición Planeta, 1997.
(13) Pg.153 “Las mujeres en el antiguo Egipto” por Gay Robins, publicado por British Museum; Ediciones Akal S.A., 1996
(14)    Pag. 20 LAS EGIPCIAS (Retrato de las mujeres del Egipto faraónico) por Christian Jacq. Tercera Edición, Editorial Planeta. 1997
(15) pág. 309 “La mujer en tiempo de los faraones” •Desroches Noblecourt, Christiane (1999). Editorial Complutense.
(16) pag. 18 LAS EGIPCIAS (Retrato de las mujeres del Egipto faraónico) por Christian Jacq. Tercera Edicion, Editorial Planeta. 1997.
(17) pag. 18 LAS EGIPCIAS (Retrato de las mujeres del Egipto faraónico) por Christian Jacq. Tercera Edición, Editorial Planeta. 1997.

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